Oct 20, 2008

159 - RITOS FUNERARIOS

El Asia Menor, Anatolia o Turquía hoy, es un territorio que marcó en la historia universal un hito de costumbres y de ritos alrededor de la muerte.
Existían dos formas de tratar los cadáveres, la una mediante la inhumación y la otra mediante la incineración preferida por los reyes de Hatti en su época imperial, según el ritual conservado.
Las complejas ceremonias del funeral duraban dos semanas, muchos investigadores coinciden en que esta costumbre se ve reflejada en los funerales de Héctor y de Patroclo como escribió Homero en su Ilíada.
Después de sacrificar animales (corderos, bueyes y caballos) junto a la pira, se colocaba el cadáver del personaje real en lo más alto de esta y se encendía la hoguera que ardía por largas horas.
Ya habían lavado y colocado en su lecho el cadáver de Patroclo, y sollozando dieron tres vueltas alrededor del cadáver con los caballos de hermoso pelo; Tetis que se hallaba entre los guerreros les excitaba el deseo de llorar. Regadas de lágrimas quedaron las arenas, regadas de lágrimas se veían las armaduras de los hombres. Y Aquiles comenzó entre ellos el funeral lamento colocando sus manos sobre el pecho de su amigo y diciendo:

“Alégrate, ¡oh Patroclo, aunque estés en el Hades! Ya voy a cumplirte cuanto te prometiera: he traído arrastrado el cadáver de Héctor que entregaré a los perros para que lo despedacen cruelmente y degollaré ante tu pira a doce hijos de troyanos ilustres, por la cólera que me causó tu muerte.” Tendió Aquiles el cadáver de Héctor boca abajo en el polvo, junto al lecho de Patroclo y los guerreros se quitaron la luciente armadura de bronce y se sentaron en gran número frente a la nave de Aquiles, que les dio un banquete funeral espléndido. Muchos bueyes blancos, ovejas y balantes cabras palpitaban al ser degolladas; gran abundancia de grasos puercos, de albos dientes, se asaban extendidos sobre la llama de Hefesto y en torno al cadáver la sangre corría en abundancia por todas partes

Al amanecer del segundo día apagaban el fuego por medio de numerosas jarras de vino, cerveza o walhi.
Las ceremonias continuaban por doce días más para permitir que viajaran los difuntos hacia “el más allá” pues las tribus hititas creían en una vida después de la muerte, para que los reyes se reunieran en las Eternas Praderas o Campos Elíseos, habitación de los dioses.
Los calcinados huesos eran recogidos con cuchara de plata y bañados en aceite contenido en una vasija del mismo metal, luego cubierta con un lienzo para ser sometida a ciertos ritos practicados por la Hawasa o maga, finalmente eran trasladados a una cámara funeraria donde descansaban sobre un lecho sagrado.
Dentro de la Mitología greco-romana había un aconcepción diferente de la hebrea en cuanto al sheol, para lo primeros era un país a donde debía asistir el alma del difunto y cruzarlo para llegar según el juicio sobre su vida a determinado sitio en "el más allá"
Los latinos imaginaban el infierno o mundo subterráneo como un lugar de sufrimientos y de calderos donde se purificaban o se castigaba a las almas.
Las gentes ordinarias o no iniciadas, al morir no tenían acceso a dicho lugar y en cambio iban a la Tierra Negra, donde el dios de la tormenta había confinado a los antiguos dioses.
La Tierra Negra era concebida como una ciudad amurallada, en cuyo interior existían grandes calderos de bronce sometidos al fuego eterno, donde se consumía el mal y los muertos no eran más que polvo.
Esto nos lleva a ver la semejanza con el Cielo y el Infierno cristianos, muy probablemente fue aquí donde se inspiraron los Padres de la Iglesia.
En los pueblos de la llanura mesopotámica, el ritual funerario babilónico, se caracterizaba porque el cadáver real con sus acompañantes era colocado en una tumba excavada en la tierra con una profundidad entre los nueve y los doce metros. Una vez sellada la puerta se realizan sacrificios en el pequeño patio delante de la entrada. Después se rellena éste de tierra hasta que queda a nivel del piso sobresaliendo tan sólo una cúpula. Se encendían hogueras alrededor de la cúpula y se celebran los funerales derramándo las libaciones para los difuntos por un conducto de arcilla que penetraba en la tierra a un lado de la tumba, encima de ésta se construía un edificio subterráneo. En los distintos pisos de este edificio se realizaban ofrendas y nuevos sacrificios humanos. Normalmente, cuando el Rey fallecía, toda la Corte le acompañaba en ese viaje al Más Allá.
Las excavaciones revelan que estos hombres se sacrificaban de forma voluntaria por su Rey-dios al que habían jurado servir en este plano o en el otro.
Estas culturas no tenían el mismo concepto que nosotros poseemos actualmente sobre la muerte, esencialmente por su creencia en la inmortalidad del Alma, siendo la muerte la puerta que permitía el nacimiento a otro plano de conciencia.
La ceremonia está superpuesta en la Naturaleza y en el Cosmos.
El movimiento espiral de la galaxia, la salida del sol o la apertura de un capullo en flor con los primeros rayos del amanecer están realizando una mágica ceremonia que les hace avanzar en su camino de evolución y les acerca cada vez más a la Divinidad.
Pero el hombre parece que ha olvidado o no quiere acordarse de que él forma parte también de la Naturaleza y el Universo, que nadie escapa del Plan Divino de Evolución.
EL hombre actual, prisionero del materialismo, crispado por el stress y esclavo de sus odios, deseos y pasiones, no encuentra la tranquilidad de espíritu necesaria para poder vivir la Vida como una ceremonia. Cuando el hombre viva de forma más natural, tal vez encuentre el equilibro, la armonía y la ceremonia en su interior, como la hallaron estas civilizaciones del pasado.
Bibliografía
Biblia de Jerusalem
Fustel de Coulange: La ciudad antigua
Homero: La Ilíada y la Odisea
Publio Virgilio Marón: La Eneida
Renault Mary: Juegos funerarios

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