Oct 21, 2008

160 - ¿NATURALEZA HUMANA Y CULTURA, EN OPOSICION?


P. Jaime Rodríguez Forero sdb
sacerdote saleciano

La naturaleza humana y su desarrollo implican su capacidad de ser, de construir y de transformar su “hábitat” para asegurar la expansión y la supervivencia.
La cultura está conformada por las soluciones que la especie humana ha ido hallando para sobreponerse a los retos del medio ambiente y satisfacer toda la gama de sus necesidades de vivencia y convivencia social.
La evolución hasta el “Homo sapiens” que, a su vez, sigue siendo evolucionado, hace que la cultura sea una entidad en permanente evolución. No es una evolución ciega. La conduce la condición “sapiente” del ser humano. Puede y tendría que desarrollarse para el bien común.
Pero también es posible desviarse en su contra.
¿No son señales suficientes, entre muchas, el peligro en que se encuentra la ecología con el envenenamiento de la atmósfera, y de las aguas, los cambios climáticos, que amenazan la naturaleza, la destrucción del hábitat con la desaparición paulatina de las especies vegetales y animales, la degradación del entorno humano, las pandemias que azotan irrefrenadas, la salud y vida de millones de personas, y el peligro nuclear que hace real la posibilidad de extinción de la especie humana y de la destrucción de la vida sobre la tierra?
La ética ni es ni puede ser un capricho de las culturas ni un mero elemento de la evolución. Es “humana” por esencia.
Sólo emana de la inteligencia, en la conciencia del cómo y para qué de la existencia propia de la relación con los semejantes, para la convivencia.
También se proyecta sobre el planeta-escenario en que empezó a existir y a desarrollarse la especie humana y el cosmos en que existe como ser racional y por tanto moral.
La cultura y dentro de ella, la convivencia se deben a la ética.

Ésta y aquellas se pertenecen y alimentan mutuamente.
La afinidad, capacidad y necesidad de relación y reciprocidad humanas están contraseñadas y regidas por la sexualidad. El “Yo” de cada uno, dentro de la asunción de la propia identidad, se sitúa y afirma con respecto al “ustedes” del grupo social general o con respecto a individuos, asumiéndolos en la identidad que tienen y recibiendo el aporte de lo que son desde dicha identidad. Mientras la “genitalidad” entra en la esfera de una relación individual de compromiso particular como el “”.

En ambas dimensiones el individuo se proyecta para su realización y crecimiento.
Homosexualidad y heterosexualidad, como inclinación hacia el otro o hacia el mismo sexo, son meramente condiciones humanas.
Constituyen un estadio primario y anterior a la conducta de seres dotados de racionalidad y de voluntad, y éticos por esencia (sujetos morales) en el manejo de su libertad.
Lo mismo que las “pasiones” que existen en el ser humano, no se pueden calificar de buenas o de malas. Simplemente existen. Los que de manera objetiva podrían evaluarse en términos de bondad al menos son los comportamientos. Dichas condiciones de inclinaciones sexuales implican derechos y deberes con respecto a sí mismo y a los demás, de acuerdo con lo que es y ha sido la naturaleza humana con sus necesidades afectivas y reproductivas de supervivencia, y la conjugación de los sexos en función de las mismas, bajo la responsabilidad de ambos en su relación entre sí.
La heterosexualidad no se compagina con la promiscuidad sexual, ni con la ruptura del tabú del incesto ni con la organización de la poliandria o de la poliginia en la vida social.
El panorama confuso y desordenado de la cultura actual como “la del destape” sin barrera alguna para la publicación de toda clase de imágenes y escritos, y la exhibición sin cortapisas de la pornografía, la comercialización de todo lo referente al sexo, la banalización de las relaciones, de la familia y muchos otros factores, conducen a una verdadera idolatría del sexo.
Queda despojado de su sentido fundamental para la pareja humana y todo se va reduciendo “al derecho del placer”.
Ahora dentro de la revolución sexual, los que se hacen contar son “los derechosal libre ejercicio de la sexualidad.
Los deberes quedan “de facto” suprimidos.
En nombre “del libre desarrollo de la personalidad y del consiguiente derecho al placer
¿Qué tipos de conducta social se debería admitir en la vida social partiendo de las muchas inclinaciones y gustos por las personas, animales y cosas, reconocidos y publicados por los medios de comunicación social, con la innovación de la libertad de expresión y de la eliminación de tabúes?
De todo el cuadro anterior surgen más cuestiones que no pueden dejarse sin respuestas:
¿Si no hay quien tenga deberes, cómo lograr el reconocimiento de los derechos y su protección?
¿Los derechos se reducen a la esfera individual?
¿La colectividad carece de derechos?
Y algo demasiado importante como para tenerlo en cuenta:
¿Nadie tiene deberes para con la colectividad (la sociedad)?

Bibliografía
Para la juventud, tomado de su último libro lanzado el 12 de julio de 2008 (virtual)
Jaime Rodríguez Forero: “La vida en busca de un alero

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