Nov 3, 2011

220 - DEL PESEBRE PALEOCRISTIANO AL FRANCISCANO

Es posible establecer una síntesis evolutiva del pesebre a partir de la antigüedad, mediante los antecedentes que alcanzaron una manifestación concreta en los primeros doce siglos de la cristiandad popular.
La etiogenia de la celebración y conmemoración del nacimiento de Jesús se remonta a los siglos III y IV cuando se celebró con mayor énfasis.
La importante y convencional fecha se ubica entre los años 246 a 336 cuando en una asamblea, los teólogos, tras estudiar y analizar las tradiciones llegadas hasta ellos y relacionadas con las festividades romanas del solsticio de invierno, sustituyeron en el día 25 de diciembre el Solis Natus por el Christus Natus.
La Iglesia Católica de un lado, quiso acabar con el último bastión del paganismo en la Saturnalia romana a la que en forma de carnaval asistían también los cristianos, y, de otro, para definir contra los monofisitas el dogma que en Jesús existen las dos naturalezas, humana y divina. La fiesta aparece ya el 22 de febrero en el más antiguo calendario romano, el Cronógrafo del año 354; allí la "Depositio martyrum" señala: "Natale Petri de cathedra".
Es en este mismo año en el calendario de la Iglesia Católica, honra el nacimiento de Jesús de Nazareth, donde se lee “VIII Kal. Jan Natus Christus in Betlem Iudae” cuya traducción es “Anuario del nacimiento de Cristo en Belén de Judea
A mediados del siglo IV en la representación se incorporan las figuras de San José, de los pastores y de la estrella que guía a los Sabios de Oriente, mal llamados Reyes Magos. La palabra que les designa Mateo es Sophoi y no Magoi.
Con la aparición de los Evangelios Apócrifos o no ingresados en el canon, se fue progresivamente aportando una excelente cantidad de material literario, que ingresó en el imaginario cristiano para dar color a las representaciones del pesebre. En uno de ellos, el “Evangelio apócrifo armenio de infancia” se relata el cortejo de los “Magos de Oriente” y por primera vez en esta época aparecen los nombres de “Melkom, Balthasar y Gespar” quienes a los dos años de edad de Jesús le visitaron, ya no en un portal sino en la casa de María y de José; tomando en paralelo la cita de Mateo: 2,10-12 “entraron en una casa
Posteriormente recordando el Evangelio de Lucas, Jesús nace en un pesebre, probablemente en una gruta. Para la época del siglo I las gentes en los campos y aldeas usaban estos “abrigos rocosos” para construir sus habitáculos que compartían con animales domésticos.
La ciudadela era conocida como casa de la diosa Lahamn, Bet Lahamn, que evolucionó a Betlemhamn o Belén. De construcciones sencillas hechas de barro y madera daban la apariencia desde las afueras como panecillos, motivo por lo que se conoció como “casa de pan”. Allí de los graneros de trigo las gentes se abastecían para fabricar dicho alimento.
El Papa Liberio (352-366) mandó construir en Roma sobre el monte Esquilo, una iglesia, hoy llamada liberiana que en una de sus capillas veneran cinco astillas del pesebre cuna que según Lucas: 2,6-7 fue la humilde cuna de Jesús
Sin embargo, para Lucas la cuna no es de madera sino de piedra. La tradición deformó el texto debido a que en el siglo IV, el sentimentalismo y el pietismo de los cristianos gentiles bajo una religiosidad popular, no entendían como un recién nacido era colocado en un lecho frío.
Lucas tomo la palabra phâne de los clásicos griegos y la adaptó para avalar la explicación sobre el Misterio de la Encarnación, sin embargo se introdujo el término “griphos” o cuna de madera y pajitas con la que estamos familiarizados.
Todos los 25 de diciembre el Papa ofrecía una misa,  pronto esa Iglesia fue conocida como Santa María del Pesebre. Dicho acontecimiento papal afianzó y extendió en el mundo cristiano la celebración de la Liturgia de Navidad, originando en los siguientes cuatro siglos la construcción de muchas iglesias con la advocación del pesebre.
Todos estos datos refutan la piadosa tradición según la cual San Francisco de Asís dio origen a la representación plástica del Pesebre o Nacimiento de Cristo.
José y Jesús no fueron carpinteros de oficio pues la palabra original es tekton que designa un oficio de obrero, albañil (de ahí, architekton o gran maestro de obra) esto se originó porque San Hilario, San Pedro Crisóstomo, San Veda, en vista que las tradiciones les asignaban herrero, obrero ebanista o artesano de la madera como faber lignarus, convinieron en que su oficio fuese de carpintero y al no encontrarse el término adecuado se popularizó, posiblemente entusiasmados por el Evangelio de “José el carpintero” de procedencia copta egipcia.
Desde entonces las artes, la pintura, la talla, la escultura, la música, la poesía y el teatro han producido obras maestras que tienen como tema central, El Nacimiento de Cristo.
En el siglo XII en la región italiana de Umbría surge en Asís (naciente) el religioso San Francisco, transformado de muchacho de vida muelle, en un hombre verdaderamente religioso, era  Juan Bernardone, hijo de Pietro y de Pía, rica familia de mercaderes.
Era la Navidad de 1223 cuando Francisco lejos de casa, desea en Greccio experimentar una vivencia sobre las condiciones infrahumanas en que debió nacer Jesús, junto con su amigo Juan Vellita, tuvo la idea de montar un escenario didáctico a lo vivo, para que las gentes humildes pudieran comprender el Nacimiento del Redentor.
Utilizó una gruta y en colaboración de sus frailes y feligreses, “colocaron un niño con sus padres en medio de una mula y de un buey” según relata su biógrafo Tomás de Celano. Era el primer pesebre corpóreo. Francisco al ser un laico, solicitó la dispensa del Papa Honorio III, para la celebración de la misa con la colaboración del obispo Hugolino.
Francisco cantó la Epístola y este acontecimiento marcaría el inicio de esta piadosa costumbre navideña del pesebre, extendiéndose por toda Europa y llegando a su pleno desarrollo durante la segunda mitad del siglo XVII en el Reino de Nápoles.
Un día este hombre que hizo del Misterio invisible de Dios su experiencia cotidiana y sencilla, abismado ante el amor de Dios hecho hombre, pequeño y pobre, quiso dar visibilidad al Misterio y nacieron los pesebres.
Mientras haya tiempo, mientras haya escenario para Dios y su Enviado en el mundo, mientras haya hombre y ante Dios, todo hombre es un pobre, habrá pesebres que nos harán soñar que estamos sin cesar invadidos por el Misterio del amor acuciante de Dios.
Con el tiempo las figuras humanas se sustituyeron por tallas de madera y las figuras de sibilas y de profetas desaparecieron hasta quedar hoy con las que conocemos, pero Francisco de Asís continuará siendo el patrono de nosotros los pesebristas.

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