Nov 15, 2013

241 – LAS ESCRITURAS ANTES DE JESUS

Quizá fue una noche de frío, junto al fuego, cuando comenzó a contarse la historia de Israel, primero los ancianos que recordaban las andanzas de antepasados famosos, llegaron más tarde los grupos del desierto, relatando y exagerando las penalidades sufridas en Egipto, la terrible marcha hacia la tierra prometida, la revelación concedida por el Señor a Moisés. Vendrían luego los poetas populares, cantores de gestas realizadas contra los filisteos (griegos desterrados), que cambiaban batallas y ejércitos por una buena comida antes de seguir su viaje. No faltaban sacerdotes que, en las peregrinaciones anuales a los santuarios, relataban al pueblo cómo se apareció Dios en aquel lugar sagrado. 
Al hablar de los “historiadores de Israel”  no se debe proyectar la idea del historiador moderno, o del filósofo de la historia.
El historiador israelita no tiene la mentalidad de nuestro tiempo ni analiza los hechos con nuestros mismos criterios de objetividad y fidelidad al pasado por encima de todo.
Pero, aparte de esta diferencia natural, impuesta por la época y la cultura, también se debe tener presente que, dentro del mismo Israel existen concepciones distintas de la historia y formas diversas de escribirla. Cosa natural si pensamos que las primeras obras bíblicas están separadas de las últimas por más de diez siglos
Así, de boca en boca, transmitidas oralmente comenzaron a conservarse y enriquecerse aquellas tradiciones históricas de Israel hasta que en el siglo X a.C surgió una clase más culta, en torno a la corte de Jerusalem. También le interesaba otros datos: la lista de los gobernadores de Salomón, los distritos en que dividió su reino, el lento proceso de construcción del templo de Jerusalem y del palacio, con sus numerosos objetos de culto o de adorno. Todos ellos comenzaron a usar la escritura. No querían que datos tan importantes se perdieran con el paso del tiempo. Por último, dentro de esta tradición escrita, surgen verdaderos genios, que recopilan con enorme esfuerzo los relatos antiguos y “los unen en una historia continua del pueblo”.
Algunos se concentraron en los orígenes, otros se limitaron a acontecimientos fundamentales de su época, como la subida de David al trono o las terribles intrigas que provocaron su sucesión. Incluso hubo un grupo que emprendió la tremenda tarea de recopilar las tradiciones que iban desde la Conquista de la tierra (siglo XIII) hasta la Deportación a Babilonia (siglo VI) compone lo que conocemos como “Historia deuteronomista” (Josué, Jueces, Samuel, Reyes). 
Siglos más tarde se produce un hecho curioso, un autor vuelve a contar la historia de la monarquía para ello “agarra los libros de Samuel y Reyes y los copia al pie de la letra, suprime lo que no se ajusta a su punto de vista y añade otras tradiciones”. 
Así surge la “Historia cronista” 1 y 2 Crónicas. Luego en el siglo II a. C. dos autores distintos contarán la historia de la rebelión macabea. De este modo, incansablemente siglo tras siglo, el pueblo de Israel puso en práctica la consigna de Goethe de que “cada generación debe escribir de nuevo la historia”.  
¿Por qué los israelitas concedieron tanta importancia a contar la historia?
La respuesta oficial, la más difundida entre los estudiosos de la Biblia, es que para Israel la historia es el lugar del encuentro con Dios.  La fe de este pueblo no se basa en mitos atemporales ajenos al espacio y al tiempo que nos rodea.
El Antiguo Testamento es búsqueda apasionada de Dios, un intento divino de ser perfectamente más conocido, una lucha humana por penetrar en el misterio del Señor.
Y así, igual que los cristianos conocemos a Jesús por lo que Él hizo y dijo, por lo que el Espíritu sigue realizando en la Iglesia, también los antiguos israelitas conocieron a Dios por lo que hizo y dijo a lo largo de la historia. Nada tiene de extraño que los israelitas se preocupasen tanto de escribir lo ocurrido o, mejor dicho, de recordar “aquellas maravillas que el Señor ha hecho por su pueblo”.
Esta interpretación oficial corre el gran peligro de idealizar los hechos y no valorarlos rectamente. Sin duda, hubo en Israel autores que vieron la historia como lugar del encuentro del hombre con Dios, y precisamente por ello dedicaron gran parte de su vida a escribirla. Aunque muchos de los documentos que utilizaron no fueron escritos desde esa perspectiva. A. K. Grayson, hablando del interés que concedían los asirios y babilonios a contar el pasado, explica los siguientes motivos:


1- Propaganda política.
2- Finalidad didáctica.
3- Exaltación del héroe.
4-Utilidad práctica, para los calendarios, la adivinación, etc.
5- Conciencia de la importancia de recordar ciertas cosas.

Si excluimos el cuarto apartado, los restantes nos ayudan a comprender por qué los israelitas escribieron tanto sobre el pasado. Se cree que el motivo de la propaganda política  es  a veces, mucho más presente en la Biblia incluso que el estrictamente religioso. Así lo advirtieron los fariseos, que no aceptaron en el canon los libros de los Macabeos, sus grandes adversarios.
Ellos no se fijaron en su valor religioso, sino en su valor como arma política. Por otra parte, ya a comienzos de siglo hablaba H. Winckler de esta tendencia de la historiografía antigua:
Una exposición histórica en el Oriente siempre persigue un fin determinado, que procura naturalmente, demostrar lo justificado de las pretensiones políticas planteadas por las partes que daban pie a redactar el conjunto de la historia
Aunque la distinción entre lo político y lo religioso carece de sentido para un israelita antiguo, puede ser esclarecedora para un lector actual. Por otra parte, así se explica que muchas páginas de la Biblia resulten "poco edificantes” para los cristianos actuales y no les vean ningún provecho; leídas a la luz de motivos políticos, adquieren todo su relieve e interés.
Después de la muerte del Salvador se tejen las tradiciones, mitos y leyendas acerca de su vida y obra.
Mateo hacia el año 80 d.C. escribió su evangelio para una comunidad cristiana concreta. Su propósito no fue sólo reunir una serie de tradiciones acerca de Jesús, sino animar a su comunidad teniendo en cuenta los problemas concretos con que se encontraba.
El relato de la infancia de Jesús le ofrecía una ocasión excelente para ello, pues en este punto las tradiciones conservadas en las comunidades cristianas no estaban tan firmemente fijadas y ello le permitía actuar con más libertad.
Mateo de paso nos dejó algunas pistas para reconstruir la situación de su comunidad. Su interés de mostrar que Jesús pertenece a la estirpe de David y que nació en Belén su ciudad, es reflejo de la polémica que su comunidad mantenía con los judíos que no habían aceptado a Jesús como Mesías.
Este mismo interés le movió a relacionar los acontecimientos de los primeros años de la vida de Jesús con profecías del Antiguo Testamento, cuyos libros tenían una autoridad decisiva para los judíos.

Bibliografía:
Biblia de Jerusalem
Tomado de José Luis Sicré Díaz s.j. 

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