Jul 21, 2011

218 - SINTESIS DE LA CONTROVERSIA DE VALLADOLID DE 1550

Observando un fragmento de nuestra historia reflexionamos sobre la duda que surgió con el descubrimiento de América, al preguntarse los europeos:
¿Los Indios del Nuevo Mundo son hombres como los otros?
Es inverosímil que un gran imperio haga autocrítica y se cuestione sobre sus propios métodos de conquista y de colonización, quizás el imperio español fue el primero y último.
A partir de las Leyes Nuevas promulgadas el 20 de noviembre de 1542 por el Emperador Carlos V que prohibían la esclavitud de los indios y la encomienda hereditaria, se originó en las colonias una protesta por los encomenderos especialmente en Perú, donde  estalló la guerra civil de 1545 obligando al monarca a abolirla, quien más tarde ordenará la suspensión de los descubrimientos y las conquistas pendientes  hasta decidir si eran justos. 
Para la época se requería la intervención papal del Vaticano, el obispo de Roma  se pronunció enviando un legado papal a la ciudad española de Valladolid para análisis, estudio y decisión que marcaría por muchos años la suerte de millones de personas.

En el Convento de San Gregorio se cuestionaba si los pobladores del Nuevo Mundo tendrían alma o no. La indecisión de los asambleístas originó dos bandos, uno de juristas representados por Juan Ginés de Sepúlveda, filósofo de corte aristotélico, teólogo esclavista y jurista que había escrito en Roma por 1535 contra quienes defendían las políticas pacifistas, su “Demócrates primus”. Este prestigioso humanista acababa de publicar otra obra agregando y retocando la anterior, su “Demócrates Secundus” o  “Tratado de las justas causas de la guerra contra los indios” 
Para él, como para Aristóteles, “ciertos hombres son esclavos natos, lo que importa es la salud del alma”. Obra en la que propugnaba una evangelización radical de todos los territorios conquistados, y, a la vez, la supresión de los llamados valores indígenas.

Residiendo en la corte del emperador fue llamado como su cronista, mostrando siempre habilidades para defender los intereses del Imperio, a pesar de sostener que todas las guerras, incluidas las defensivas eran contrarias a la religión católica, por lo que fue comisionado por el papa Clemente VII, visitador general para resolver  el asunto.
El otro grupo de teólogos dominicos  formado por Melchor Cano,  Domingo de Soto, Bartolomé Carranza de Miranda  y el franciscano Bernardino de Arévalo, quien apoyó luego a la contraparte, era abanderado por Fray Bartolomé de las Casas, ardiente protector de los indios, quien habiendo viajado a México con su secretario, el padre Rodrigo de Ladrada en 1538 para participar en el capítulo de la orden dominicana, obtuvo la  expedición de varias cédulas reales que favorecían los trabajos de su misión en Tezulutlán. 
Admirador de las grandes ciudades, el orden político y social de las sociedades americanas, el carácter agradable y pacífico de las gentes, frente a la brutalidad, el egoísmo y la mentira de los conquistadores, escribe en un corto tiempo su célebre “Brevísima relación de la destrucción de las Indias”, y “Los dieciséis remedios para la reformación de las Indias”.

Conoció al Emperador Carlos V de Alemania y I de España unos veinte años antes, quien había escuchado las quejas del padre Las Casas, incluso llegó éste a proponer, con poco sentido de la realidad, que España abandonara aquellos territorios aun a  sabiendas de que ya no era posible. 
En 1544 llevó a Chiapas 45 frailes dominicos y un equipo laico de 5 personas, el mayor contingente misionero jamás reunido hasta entonces. El emperador solicitó que  la reunión fuese en Valladolid, allí en el Convento de San Gregorio funcionaba el Colegio de Sabiduría, donde los padres dominicos estudiaban y transmitían a sus  alumnos los conocimientos de la época, era así un lugar perfecto para decidir el destino de los hombres.  Las consecuencias emanadas de las decisiones tomadas entonces condicionarían la evolución de la historia de una buena parte de la humanidad. En este espacio conventual se desarrolló un gran debate inflamado, barroco, profundo y premonitorio donde Fray Bartolomé de las Casas y Ginés de Sepúlveda, fueron los protagonistas.
El estudio pormenorizado de la gran documentación de la época, deja sobresalir aquella polémica entre dos situaciones que denominaron “La gran controversia de Valladolid” de 1550
En sus cuatro argumentos y fundamentación, Sepúlveda haría uso copioso de citas del Nuevo y Antiguo Testamento, para justificar la guerra contra los indios: 
1-  Siguiendo en opinión de Aristóteles, sostenía que "la condición natural de algunos pueblos es inferior, por lo que deben someterse al superior bien sea de manera pacífica o por la fuerza de las armas" sin entender esa cualidad esencial  de la naturaleza indígena, sino como un desarrollo mental volitivo que podría cambiarse por cultura. Se apoyó en Proverbios 11,29 “Al que descuida su casa nada le queda, el necio siempre será esclavo del sabio” que al tenor filosófico puso en paralelo “Los que sobresalen en prudencia y talento aunque no en robustez física son señores por naturaleza, en cambio los tardos y torpes de entendimiento, aunque vigorosos físicamente para cumplir los deberes son siervos por naturaleza…” 
Apela a San Pablo  ante la condición bárbara de los nativos “cuyo fin es la muerte, cuyo dios es el vientre pues tienen sabor a cosas terrenas” En Colosenses dirá “Vosotros siervos, obedeced en todo a vuestros señores carnales …”
2- La guerra es legítima cuando se trate de desterrar crímenes contra la naturaleza como antropofagia, idolatría y sacrificios humanos. Aunque reconoce que lo único que puede echarse en cara es no ser cristianos, que adoren a un único Dios y respeten la naturaleza, cita a Romanos 2,14  “Pero los que no son judíos ni tienen la ley, hacen por naturaleza lo que la ley les manda, ellos mismos son su propia ley”
Acude a Levítico y Deuteronomio interpretando que dichas leyes contra la idolatría no son solo divinas sino naturales “Esos crímenes son tan nefandos que Dios destruyó a los cananeos, fereceos y demás pueblos por medio de Israel…” “Los mismos judíos fueron castigados por su idolatría con justísimas guerras… por Salmanasar rey de los asirios y Nabucodonosor rey de los babilonios” como relata el Libro cuarto de los Reyes. "También, Antíoco IV el griego y su gobernador Filipo" como consta en el segundo Libro de Macabeos.
Compara Génesis 19 con las naciones indias al igual que fueron Sodoma y Gomorra.
3- Aquí propugna que la guerra es justa si pueden salvarse muchos inocentes, aludiendo paradójicamente al auxilio  del débil exigido por la Biblia. Cita Salmo: 72,12-13; Proverbios: 24,12;  Eclesiástico: 17,14; Lucas: 10,30-37 y muchos otros.
4-      Cree que la guerra es justa para facilitar la propagación cristiana y las tareas de los misioneros “Atañe al cumplimiento de un precepto evangélico de Cristo para atraer por un camino más corto  a la luz de la verdad a una infinidad de hombres, errante entre perniciosas tinieblas”  Veía ejemplos en el papa Adriano que exhortó a Carlomagno contra los lombardos y a Alejandro VI quien exhortó a los Reyes de España para atacar a los bárbaros, someterlos y permitir el camino de la predicación evangélica.
Ante este discurso, el arranque de Las Casas  en su Apología, es contundente acusando a Sepúlveda de manipular toda clase de textos incluyendo los bíblicos, exponiendo:
“Quienes dicen de aquellos que vulgarmente son llamados indios, después de haber sido firmemente sometidos y después instruidos en la Palabra de Dios y la escuchen, cometen dos torpes errores: En relación con el derecho divino y humano yerran al abuzar de las divinas palabras y violentan el sentido de las Sagradas Escrituras, de los decretos papales y de las enseñanzas de los Santos Padres. De otra parte traen a colación historias que no son sino meras fábulas y desvergonzadísimos amaños con lo que hombres hostiles agreden al pobre pueblo indio. En segundo lugar  yerran en cuanto al sentido del decreto papal de la bula del sumo pontífice Alejandro VI, cuyas palabras corrompen y violentan en apoyo de su opinión…”
El dominico refuta cada uno de los argumentos.
1-Tras defender la inocencia y mansedumbre de los indios, los considera más que otros pueblos, “Aunque son declives a la idolatría y al abandono”  hace un análisis de los bárbaros. “Ellos son diferentes de los crueles y sanguinarios, pues carecen de lenguaje y no tienen idioma escrito. No tienen ley, ni fueros, ni regimiento político. No son libres por naturaleza, ,salvo cuando están en su patria, al no tener nadie que los gobierne” 2-Aquí hace un adiós a Aristóteles  al contraponer el pensamiento del filósofo griego sobre los bárbaros a la eterna Verdad de Cristo advirtiendo que al ser todos  los bárbaros hijos de Dios son capaces de entrar en el Reino de Cristo, quien también los redimió con su sangre.
3- Las Casas ofrece una serie de citas bíblicas sapienciales que muestran que Dios al separar reinos y gentes, en Deuteronomio: 32,8 "puso frente de cada pueblo mediante inspiración divina un príncipe y gobernadores". Cita  Eclesiástico: 17,17, entre bárbaros e infieles, Proverbios: 8,15-16 a quienes Él mismo se encargaría de castigar al no cumplir con su deber.
4- La Biblia y la Ley divina hacen injustificable el dominar a otros pueblos bajo pretexto de superioridad cultural. Considera que los infieles que nunca abrazaron la fe en Cristo no son súbditos en acto sino solo en potencia, por tanto tampoco son súbditos de la Iglesia ni están sometidos a su autoridad.
Retomando la cita de Corintios: 5,  usada por Sepúlveda para sostener la opinión contraria  ¿Qué me compete a mí juzgar a los de afuera? ¿No es a los de dentro a quienes os toca juzgar? Dios juzgará a los de fuera, los infieles no pueden ser castigados por la Iglesia.
El dominico culmina su apología con una llamada a la evangelización pacífica de los nativos.
“Si buscáis indios, nuestros hermanos en Cristo para instruirlos en la Palabra de Dios, blanda, moderada, suave y humanamente  atraedlos al redil de Cristo infundiendo en sus mentes el suavísimo Cristo “
Para ambos litigantes las Sagradas Escrituras son capaces de ofrecer criterios de actuación ante grandes cuestiones políticas de su tiempo, en especial de la legitimidad o no, de la guerra justa contra las poblaciones del Nuevo Mundo.

Juan Ginés de Sepúlveda al interpretar literalmente las citas veterotestamentarias,  desconoce el contexto y la supeditación de estas al Nuevo Testamento. Las Casas con un mayor acopio de citas, hace una lectura más global de las Sagradas Escrituras.
Sepúlveda fuerza los textos apoyándose a veces en San Agustín, para hacerle decir lo que  a él le conviene avalando la violencia en la conquista de la tierra prometida. Aunque Las Casas en alguna ocasión la usara para argumentar el comportamiento religioso de los nativos en cuanto a los sacrificios humanos, sitúa al Cristo neotestamentario como cumbre de revelación y pauta de comportamiento pacífico para la conversión de los indígenas.
Sepúlveda aunque más tarde fue preceptor de Felipe II, su obra sobre la que sustentara sus  doctrinas  referentes a la conversión de los infieles, fue condenada por el obispo de Segovia ante las Universidades de Salamanca y Alcalá.
Aunque ambos manejaron las mismas fuentes, Bartolomé elabora un discurso distinto, el de Ginés de Sepúlveda priva de la razón instrumental, la razón funcionalista, el dominico priva lo que Habermas llama la ética comunicativa y lo que en Kant aparece como  discurso de la Ilustración.
Las Casas murió en el convento de Atocha a los 82 años, había  acompañado a Colón en su tercer viaje y trascrito sus crónicas; fue un pensador de avanzada,  teólogo de la liberación y artífice de Los Derechos Humanos cuatrocientos años antes de su actual proclamación, criticado y calumniado por muchos, nos deja este mensaje “Tenemos la obligación de recordar quiénes somos”.
¿Cuál sería el objeto subyacente en el discurso de Las Casas? “La otredad o el encuentro con el otro”.
Bibliografía:

Biblia de Jerusalem
A. Ozuna: “El tratado de las Doce dudas, como testamento doctrinal de Bartolomé de Las Casas”
J. A., Tudela “La cuestión dl otro en Bartolomé de Las Casas”
Juan Luis de León Azcárate: “La Biblia y la dignidad de los indios del Nuevo Mundo cuando la teología ilumina la política de una época”.

Raúl Hernández Vega: “El fenómeno en la conversión de Bartolomé de Las Casas”

Jul 9, 2011

217 – LA FIDELIDAD DEL GRUPO “Q”

El grupo de discípulos de Jesús conservó y trasmitió las tradiciones orales, reunidas en lo que hoy se conoce como Grupo “Q”
Ellos definieron y construyeron  su propia identidad a través de una peculiar recuperación del pasado.
Hoy en los estudios bíblicos se recurre a ciertas aportaciones de la psicología social sobre la memoria colectiva y de la identidad grupal, cimentados en que la recuperación del pasado es un elemento importante en dichas tradiciones ya recogidas, este grupo de “Q” será una Comunión de memoria.
Por medio siglo, el Documento “Q” ha sido estudiado como una composición independiente, especulando sobre su composición y localización de aquellos discípulos de Jesús en cuyo seno habría visto la luz.
Notables diferencias y coincidencias han surgido a la hora de explicar estos aspectos  sobre algunos datos fundamentales. 
El primero corresponde a la extensión de esta composición pre-evangélica con versículos incluidos en Mateo y en Lucas y a la posibilidad de reconstruir su formulación exacta, sólo se puede llegar hasta los paralelos que en estos dos evangelios pueden conducir a un “texto arquetípico” versión anterior  que de hecho utilizaron estos dos evangelistas.
Esto nos permite circunscribirla a una aproximación bien delimitada y contar con una formulación acercada de la misma.
A pesar de que es una empresa irrealizable en la recuperación de este texto, se han logrado avances mediante la crítica literaria y el análisis redaccional.
El segundo acepta que “Q” nació de un contexto oral que probablemente dio origen a un documento escrito, no para ser leído en privado sino proclamado en público en un contexto oral al que pertenecen también las tradiciones sobre el pasado común de Israel. 
En este Documento surgen varias citas de manera explícita o implícitas alusivas a textos del Antiguo Testamento lo que refleja un conocimiento de la tradición épica de Israel.
L. E. Vaage cree que todas estas referencias pertenecen a la redacción final de “Q”.
Se nombran varios patriarcas: Abraham, Isaac, Jacob y Noé, varios profetas donde Abel para este grupo es profeta  y Zacarías (en 6 citas en que se mencionan los profetas, en 4 se refieren a perseguidos y asesinados) y personajes no judíos; la Reina del Sur, los habitantes de Nínive convertidos por Jonás, los habitantes de Tiro y Sidón convertidos por los signos de Jesús. 
Estas referencias de tradición israelita tienen un gran papel en “Q”, implicando un cierto nivel sincrético o de intertextualidad.
A excepción de Salomón por su sabiduría, no se menciona a los reyes ni sacerdotes como personajes ideales, los que en la memoria colectiva de Israel estaban relacionados con Jerusalem.
El grupo de “Q” estaba vinculado con el tipo ideal de los profetas quienes criticaron a los reyes y a los sacerdotes. Solo se menciona explícitamente a Jonás natural de Galilea lo que sugiere un distanciamiento de Jerusalem con una apertura a los gentiles y una localización galilea construida por una “Comunión de memoria”
Aunque los primeros escritos cristianos surgieron en una cultura oral, deben ser interpretados sin olvidar las implicaciones que desempeña la memoria colectiva en el proceso de elaboración y de trasmisión de las tradiciones. 
Por tanto esto es aplicable a todos los antiguos escritos cristianos como “Q” una de las primeras cristalizaciones de tradición oral sobre Jesús.
El tercero intuye que esta tradición no se pudiera explicar si no hubiera existido un grupo de discípulos  para quienes estos recuerdos y su actualización sobre Jesús hubieran sido significativos.
Este y otros grupos de discípulos contemporáneos de Jesús se enfrentan en un mundo multicultural (semita, helenístico y latino) a la faena de definir su propia identidad.
J. Assmann ha demostrado que “la reconstrucción del pasado es para estas investigaciones, instrumento para legitimar los rasgos que definen dicha identidad” teoría que obtiene en este documento un destacado lugar.
Su misma composición revela un interés en forma particular por conservar el pasado remoto a través de referencias a  personajes y acontecimientos de la historia de Israel como su principal objetivo, la necesidad de mantener vivo el pasado inmediato al recordar los dichos de Jesús (logia) y algunas anécdotas de su vida incluidas algunas ideas poco convencionales para la época en “el Sermón del Monte”, las bienaventuranzas, “ofrece la otra mejilla” y “ama a tus enemigos”
Algunos piensan que es probable que su inicio hubiese adoptado una fuente griega.
Su identidad compartida con Israel se manifiesta por un especial ingrediente que es, conectar el presente y el  pasado inmediato  con el pasado remoto de este pueblo aunque para ellos lo decisivo no es ser “hijos de Abraham” Isaías:51,2 sino “hijos de Dios” Q:6,20; 7,28; 11,1; 12,31; 13,18-20 en el banquete escatológico del Reino de Dios.

Bibliografía

Biblia de Jerusalem
L. E. Vaagé "Jewish Scripture, Q and the historical Jesus. A cynic way whit the word?"
J. Assmann: “Cultural Memory : scrip, Recollection, and Political identity in Early civilization”
Santiago Guijarro Oporto:  “Memoria cultural e identida de grupo en el Documento “Q”

Jun 10, 2011

216 - LA DORMICION DE LA VIRGEN MARÍA


Inicialmente en los primeros cuatro siglos del cristianismo no existe escrito alguno acerca de la muerte de la Madre de Jesús, desde los apóstoles y las siguientes generaciones. 
Se pensó en un paralelo entre la muerte, resurrección y Ascensión del Señor a la Gloria y la muerte,  Tránsito de la Virgen al cielo, koimesis o dormición y su Asunción a la Gloria o analepsis.
No existe un texto bíblico que refleje en la palabra lo que muestra el icono de la Asunción de la Virgen María a los cielos, pero podría servir para orientar nuestra meditación el cántico de la Virgen, el Magnificat, o algunos de los textos del Cantar de los Cantares, fuente de inspiración del primitivo oficio romano de la Asunción de María. 
Desde antiguo la Iglesia ha aceptado esta iconografía como un resumen de antiguas narraciones del "Tránsito" de la Virgen María.
En el Misterio hay una simetría entre Cristo que por su propio poder Asciende al Padre y María Madre del Hijo de Dios que por la gracia divina es Asunta o subida al Cielo. 
Esto equivale a la pascua de Nuestra Señora que implica que ella es la primicia pascual con Cristo, sus cuerpos gloriosos son promesa de lo que seremos.
Al buscar el icono primitivo en Oriente de la Dormición de la Virgen  es el que ha prevalecido, desde las iniciales ilustraciones y mosaicos de esa área, hasta los iconos rusos de los siglos XIV y XV de los maestros Theófanes el griego y su discípulo Andrea Rublov.

Su fiesta se prepara en la Iglesia Ortodoxa oriental con una pequeña cuaresma de la Madre de Dios, rezando el oficio de la "paráclisis" con devotas invocaciones para cerrar el ciclo anual de las celebraciones, siendo la Dormición, el último de los misterios que resume la esperanza de los fieles católicos.

Más tarde en Occidente, aparecen pinturas medievales, frescos, mosaicos, bajorrelieves y tablas de la mejor imaginería española, logrando su clímax en el tipo "Asunción" a los cielos, casi en una Ascensión de la Virgen, semejante a la de Cristo Jesús.
El pietismo popular español como el latinoamericano ha conservado huellas  de la iconografía oriental en las vírgenes dormidas que se llevan en procesión el día de la Asunción.

Múltiples preguntas surgen en el contexto cultural contemporáneo como: 
¿La Virgen María murió?
¿Dónde?
¿Existe su sepulcro?
¿De qué murió la Virgen?
¿Debemos rendirle culto?
¿Por qué la llamamos Reina?
¿Qué valor tiene su vida ...?


El padre Royo Marín  s. j. dice "No parece que muriera de enfermedad, ni de vejez muy avanzada, ni por accidente violento (martirio), ni por ninguna otra causa que por el amor ardentísimo que consumía su corazón."
Por supuesto que esto no es una afirmación en que el amor a Dios haya sido causa de su deceso o una ilusión poética, producto de la piedad ingenua y entusiasta para con la Santísima Virgen. Por el contrario, es una enseñanza fundada en testimonios de los Santos Padres de la Iglesia. 
El padre Joaquín Cardoso, s. j. cita a San Alberto Magno:  "Creemos que murió sin dolor y de amor”.
Juan Pablo II dice observando el pensamiento del Abad Guerrico, Ricardo de San Lorenzo, "La liberalidad de María se asemeja a la de su Hijo, que otorga más de lo que se le pide"
San Francisco de Sales dice, "la muerte de María se produjo como un ímpetu de amor" en su tratado sobre “El amor de Dios”, habla de una muerte en el Amor, a causa del Amor y por Amor.
San Alfonso María de Ligorio: al explicar sobre la Inmaculada Concepción dice "Convenía al Padre celestial, al Hijo y al Espíritu Santo, preservar de toda mancha a María Santísima, porque Ella es su hija preferida"
Alastruey, afirma: "La Santísima Virgen acabó su vida con muerte extática, en fuerza del divino amor y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales."

"Más importante es investigar la actitud espiritual de la Virgen en el momento de dejar este mundo."

Nuevamente Juan Pablo II aclara aún más este punto: "Cualquiera que haya sido el hecho orgánico y biológico que, desde el punto de vista físico, le haya producido la muerte, puede decirse que el tránsito de esta vida a la otra fue para María una maduración de la gracia en la gloria, de modo que nunca mejor que en este caso la muerte pudo concebirse como una dormición." 


Luego basándose en la tradición para tratar este tema, el Papa nos aclara aún más este maravilloso suceso:
"Algunos Padres de la Iglesia describen a Jesús mismo que va a recibir a su Madre en el momento de la muerte, para introducirla en la gloria celeste. Así, presentan la muerte de María como un acontecimiento de amor que la llevó a reunirse con su Hijo Divino, para compartir con El la vida inmortal. Al final de su existencia terrena habrá experimentado, como San Pablo y más que él, el deseo de liberarse del cuerpo para estar con Cristo para siempre."


Garriguet otro ilustre Mariólogo, también citado por Royo Marín, nos describe más detalles sobre la vida y la dormición de la Madre de Dios: "María murió sin dolor, porque vivió sin placer; sin temor, porque vivió sin pecado; sin sentimiento, porque vivió sin apego terrenal. Su muerte fue semejante al declinar de una hermosa tarde, como un sueño dulce y apacible; era menos el fin de una vida que la aurora de una existencia mejor. Para designarla la Iglesia encontró una palabra encantadora: la llama sueño o dormición de la Virgen."


Pero es el elocuentísimo predicador francés obispo de Meaux del Siglo XVI-XVII
Bossuet, en su Sermón Segundo sobre la Asunción de María nos describe con los más bellos detalles qué significa morir de amor y cómo fue este maravilloso pasaje de la vida de la Madre de Dios:
"El amor profano es quejumbroso y está diciendo siempre: languidezco y muero de amor. Pero no es sobre este fundamento en el que me baso para haceros ver que el amor puede dar la muerte. Quiero establecer esta verdad sobre una propiedad del Amor Divino. Digo, pues, que el Amor Divino, trae consigo un despojamiento y una soledad inmensa, que la naturaleza no es capaz de sobrellevar; una tal destrucción del hombre entero y un aniquilamiento tan profundo en nosotros mismos, que todos los sentidos son suspendidos. Porque es necesario desnudarse de todo para ir a Dios, y que no haya nada que nos retenga. Y la raíz profunda de tal separación es esos tremendos celos de Dios, que quiere estar solo en un alma, y no puede sufrir a nadie más que a Sí mismo, en un corazón que quiere amor. Amarás a Dios sobre todas las cosas. Si alguno ama a su padre o a su madre o a sus hermanos más que a Mí, no es digno de Mí."


"Ya podemos comprender esta soledad inmensa que pide un Dios celoso. Quiere que se destruya, que se aniquile todo lo que no es El. Y, sin embargo, se oculta y no da a ninguno un punto de donde asirlo materialmente, de tal modo que el alma, desprendida por una parte de todo, y por otra, no encontrado aquí el medio de poseer a Dios efectivamente, cae en debilidades y desfallecimientos inconcebibles. Y cuando el amor llega a su perfección, el desfallecimiento llega hasta la muerte, y el rigor hasta perder la vida." 


"Y he aquí lo que da el golpe mortal: es que el corazón despojado de todo amor superfluo, es atraído con fuerza al solo Bien necesario, con una fuerza increíble y, no encontrándolo, muere de congoja. San Pablo dice, el hombre insensato, no entiende estas cosas y el sensual no las concibe; pero nosotros hablamos de la sabiduría entre los perfectos y explicamos a los espirituales los misterios del espíritu´. Digo, pues, que el alma, desprendida de todo anhelo de lo superfluo, es impulsada y atraída hacia Dios con una fuerza infinita, y es esto lo que le da la muerte; porque, de un lado, se arranca de todos los objetos sensibles, y por otro, el objeto que busca es tan inaccesible aquí, que no puede alcanzarlo. No lo ve sino por la fe, es decir: no lo ve; no lo abraza, sino en medio de sombras y como a través de las nubes, es decir, que no tiene de dónde asirlo. Y el amor frustrado se vuelve contra sí mismo y se hace a sí mismo insoportable."
"Yo he querido daros alguna idea del amor de la Santísima Virgen durante los días de su destierro y la cautividad de su vida mortal. No, no; los Serafines mismos no pueden entender, ni dignamente explicar, con qué fuerza era atraída María a su Bien Amado, ni con qué violencia sufría su corazón en esta separación. Si jamás hubo algún alma tan penetrada de la Cruz y de este espíritu de destrucción santa, fue la Virgen María. Ella estaba, pues, siempre muriendo, siempre llamando a su Bien Amado con un anhelo mortal"
«No busquéis, pues, almas santas, otra causa de la muerte de la Santa Virgen. Su amor era tan ardiente, tan fuerte, tan inflamado, que no lanzaba un suspiro que no debiera romper todas las ligaduras de esta vida mortal; no enviaba un deseo al Cielo que no hubiera debido arrastrar consigo su alma entera. Os he dicho antes, cristianos, que su muerte fue milagrosa, pero me veo obligado a cambiar de opinión: su muerte no fue el milagro, el milagro estuvo en la suspensión de esa muerte, en que pudiera vivir separada de su Bien Amado. Vivía, sin embargo, porque esa era la determinación de Dios, para que fuese conforme con Jesucristo su Hijo crucificado por el martirio insoportable de una larga vida, tan penosa para Ella, como necesaria para la Iglesia. Pero como el Divino Amor reinaba en su corazón sin ningún obstáculo, iba de día en día aumentándose sin cesar por el ejercicio, creciendo y desarrollándose por sí mismo, de modo que al fin llegó a tal perfección, que la tierra ya no era capaz de contenerla. Así, no fue otra causa de la muerte de María que la vivacidad de su amor"


El Padre Joaquín Cardozo s.j.  citado por Bossuet,en "La Asunción de María Santísima" comenta,
"Y esta alma santa y bienaventurada atrae consigo a su cuerpo a una resurrección anticipada. Porque, aunque Dios ha señalado un término común a la resurrección de todos los muertos, hay razones particulares que le obligan a avanzar ese término en favor de la Virgen María"


Bibliografía:
Biblia de Jerusalem
Alastruey, “Tratado de la Virgen Santísima”
J. B.Bossuet: "Sermón segundo sobre la Asunción de María"
Cardozo Joaquín s. j. “La Asunción de María Santísima”
Garriguet J. A: "Vida y Ddormición de la Madre de Dios"
Juan Pablo II, 25-junio-97; 25-junio-99 "Tratado del Amor de Dios.
Royo Marín o.p. La Virgen María. Teología y espiritualidad marianas.
Sales Francisco de “El amor de Dios” 

May 1, 2011

215 - LOS SIGNOS DEL REINO

Desde la obra de J.D. Crossan “Jesús: vida de un campesino judío” surge un problema pues los evangelios no dicen que se dedicara a las labores del campo como cultivar la tierra o criar el ganado. Puede aceptarse una labor parcial en su propia parcela como recurso de abastecimiento familiar. Habitaba en una población pequeña de unos 1.500 a 2.000 habitantes y probablemente obtenía sus ingresos de trabajos artesanales (tekton) durante su adolescencia y juventud en la vecina ciudad de Siphoris en reconstrucción.  El carácter cualificado de su oficio lo situaba en el grupo de los obreros especializados de clase media baja.
Lejos de rígidas categorías socio-religiosas que consideran a Jesús un pobre entre los pobres, era un pobre que tenía que trabajar duramente para vivir.
El acontecimiento pascual sucede entre la cobardía e huÍda de los discípulos y la valentía de la proclamación de la Resurrección.
El Nuevo Testamento no da una definición de Reino pues los contemporáneos de Jesús lo entendían según la herencia tradicional vetero-testamentaria. Significaba que pronto Dios ejercería toda su 
soberanía sobre el mundo, como la nueva relación entre los hombres y Dios.
La misión en la vida pública del maestro está centrada en este presupuesto descrito tanto en hechos como en dichos, especialmente en los milagros, pero es importante como dignos de historicidad, las comidas de Jesús, la elección de los Doce y la expulsión de los mercaderes del Templo.
Aludiendo a Is: 25,6 “En el monte de Sión, el Señor Todopoderoso preparará para todas las naciones un banquete con ricos manjares y vinos añejos con deliciosas comidas y los más puros vinos”
A diferencia de otros grupos religiosos judíos en que se exigían pureza legal y moral, Jesús comía con gente marginada, por lo que es criticado ante sus discípulos.
Mt:9,11 “¿Cómo es que su maestro come con cobradores de impuestos y pecadores?”

1- Jesús abre su mesa y el Reino de Dios está accesible a todos especialmente a los impenitentes.
2- Jesús atrajo para sí, discípulos a quienes posiblemente asoció a su predicación y entre ellos escogió a Doce como recuerdo de las doce tribus de Israel, símbolo de un Nuevo Reino donde Dios vendría a ejercer su señorío.
3- Jesús realizó un signo profético consistente en la expulsión de los mercaderes y cambistas de la explanada del Templo, como rezan los sinópticos, obstaculizando la realización del culto, para anunciar una nueva relación con Dios como se consigna
Jn:4,23-24 “el culto auténtico en espíritu y en verdad”
Los milagros de Jesús no se encajan en una categoría radicalmente distinta a su época como los concibe nuestra mentalidad moderna.
Todo hombre con lo que dice y lo que hace, expresa parte de sí mismo y Jesús es la expresión más auténtica de sí mismo.
Aunque puede haber disociación entre lo que se hace y lo que se es, entre lo que se dice y la más profunda realidad, en Jesús no ocurre esto, pues en Él se identifica el mensaje con el mensajero.
El Misterio Pascual desencadenó una dinámica que transformó el mensaje de Jesús en el mensaje sobre Jesús.
Tras la condena a muerte en cruz de Jesús y la experiencia pascual de los discípulos que se lo encontraron vivo tras la muerte, la comunidad cristiana primitiva percibió que era en el mismo Jesús donde había comenzado a realizarse el Reino de Dios.
Orígenes de Alejandría intuyó en ello “la autobasileia de Dios” y tras la Resurrección se hace patente el nuevo “eón” en que tendrá cumplimiento el Reino de Dios que sólo se alcanzará tras pasar por la muerte de modo trascendente.
El Reino de Dios se ha realizado en Jesús, porque se ha inaugurado la actuación soberana de Dios sobre el mundo y se ha iniciado como anticipación proléptica.
Nuestra historia cristiana es tensión entre el Reino de Dios que se ha hecho ya presente en Jesucristo, pero que todavía no ha llegado a su plenitud.
Jn: 19,14 “Era el día antes de la Pascua, como al medio día. Pilato dijo a los judíos: ahí tienen a su rey”
Esta expresión joánica describe al procurador romano presentando a Jesús ante los judíos coronado de espinas con la clámide o manto púrpura propio de la realeza y lo sienta en el tribunal.
Juan en su relato de pasión pone su acento en que Jesús es rey, un rey que ha pasado por el sufrimiento de la cruz.
Los sinópticos traen una idea análoga, en el pasaje de las tentaciones el Reino de Dios no llega mediante el poder, que para Jesús es seducción, sino por la entrega a la voluntad de Dios que en un mundo de pecado lleva implícito el sufrimiento.
Paradójicamente el Reino de Dios es su soberanía sobre un mundo nuevo donde reine la justicia y la muerte hay sido vencida, pero para alcanzarla es necesario padecer injusticia y soportar la muerte.

Bibliografía

Biblia de Jerusalem

Busto Saiz José Ramón: “El mensaje de Jesús: forma y contenido”

Apr 23, 2011

214 - LA MUERTE DE JESUS

Enclavado en los brazos de la cruz, puesto en lo alto del ignominioso madero, a la vista de los cielos y de la tierra, “todo se ha consumado” (Jn:19,30)
Jesús ha muerto bajo el testimonio de sus tormentos, ha muerto el autor de la vida.
El cielo aparecía cubierto de tristes sombras, como si todas las iniquidades e ingratitudes de los hombres se hubieran condensado en nubes de tinieblas, sombras espantables que vagan por las alturas.
Jamás los siglos presenciarán un crimen como aquel que alumbró el sol lejano de aquella tarde, cuando los ojos del condenado llenos de angustia y henchidos de misericordia, aún buscaban las miradas de los hombres para no dejar a nadie sin desamparo.
Era la hora del amor supremo y de la suprema impiedad.
El tétrico escenario crepuscular a las fueras de la gran urbe de Jerusalén, ciudad madre de profetas y reyes de acentos inmortales con David y Salomón, llorada por los lamentos de Ezequiel y de Jeremías; sus muros y su Templo se cubrían de sombras ante la extinción del último rayo de sol, y, de esa infinita luz eclipsada de Jesús, la más viva en el pensamiento de sus hijos.
Reinaba el silencio, la gran algarabía de la muchedumbre ardiente de ira implacable e invadida por la voz del frenesí en infernal cólera, había desvanecido ante la majestad de la muerte.  
Su cabeza  inclinada dulcemente como para imprimir el último beso en la frente de los mismos quienes le habían crucificado, sus fríos e inmóviles labios, cáliz de amarguras con la mirra de los dolores y la hiel de las ingratitudes, se perdían entre las fibras ensangrentadas de su barba.
Su rostro descompuesto por el que fluían hilos de sangre amoratada y espesa provenientes de su cabeza ya no coronada de palma y laurel en su entrada triunfante a Jerusalén, sino de aquella trenza de ásperas y punzantes espinas entretejidas por las manos de la desventura con el escarnio brutal y el insulto sacrílego, mostraba el final de su entrega.
El suplicio era tal, que Cicerón calificaba a la crucifixión como “el mayor suplicio”, “el más cruel y terrible suplicio” “el peor y el último de los suplicios, el que se inflige a los esclavos” (In Verrem II, lib. V, 60-61).
Su pueblo Israel, se alejó negándole como el Mesías, sintiendo en su conciencia  el terrible remordimiento y huyendo de su libertador, sin embargo, el capitán romano, hijo gentil del imperio, hablando el lenguaje de la fe, en nombre de su nación y de su gente confesó que “aquel hombre, en verdad era el Hijo de Dios” (Mc:15,39; Mt:27,54;  Lc:23,47)
“No será pueblo del Señor, aquel que le ha de negar”
Paradójicamente, el título que llevó de Ciudad Santa hasta entonces Jerusalén, sería el distintivo de Roma, en cuyas cúpulas campearía victori0sa la enseña de la Cruz, mientras la ciudad de David, viviría solamente para que en ella la humanidad vea el eclipse de una gloria divina convertida en fábula y escarmiento de cuantos pasan por sus caminos, al recordar a aquel pueblo sin trono, con un altar sin hostia y sin sacrificio, y un templo en donde ya no vuelve a resonar la voz de Señor. Los sacrificadores del Santuario habían quedado estupefactos, ahora no existen. Ya no habrá otro Templo, “el velo del Santo Sanctórum se rasgó por la mitad” (Lc:23,45), Dios ha resucitado y no está allí.
Bibliografía:
Biblia de Jerusalem
P. Restituto del Valle O.S.A. "La muerte de Jesús"

Mar 24, 2011

213 - NARRACION MEDICA DEL SUPLICIO


En aquella época era la costumbre que el reo cargara con su madero hasta el lugar de la crucifixión. A Jesús le ponen a cargar el palo transversal de la cruz, se cree que pesaba unas 50 kilos, fue forzado a cargarlo sobre su ya desgarrada y sangrienta espalda en un tramo de unos 600 metros hacia el Calvario, terreno pedregoso, con subidas y bajadas, y al no poder llegar, Simón de Cirene tuvo que ayudarle.
Una vez llegado al Gólgota, lugar de la ejecución, el condenado era despojado de las escasas y raídas vestiduras que le quedaban como consecuencia de los latigazos. A veces se le permitía conservar un trapo con el cual cubrir sus genitales. Se le obligaba a tenderse de espaldas.
Los verdugos, apurados, procedían bruscamente calculando su escenario, luego taladraban la madera para abrir el agujero a los clavos, y comenzaba la horrible operación.
A pesar de las referencias bíblicas sobre los clavos en las manos, no contradicen las evidencias arqueológicas de heridas de las muñecas, ya que los antiguos solían considerar la muñeca como parte de la mano.
Un ayudante alcanzaba uno de los brazos con la palma hacia arriba, el verdugo tomaba un clavo largo y puntiagudo de 13 a 18 cm, que en la parte cercana a la cabeza medía unos 8 mm, lo apoyaba sobre la muñeca, en la hendidura que él bien conocía, un solo golpe de su grueso martillo atravesaba las carnes hasta entrar en la madera, dos golpes más y quedará fijo sólidamente.
Pero, ¿cómo ese dolor agudo, atroz, no le produce un síncope?
Es evidente pensar que Cristo dirige su Pasión desde el comienzo hasta el fin. Jesús no gritó pero su rostro se contrajo horriblemente. En ese instante se observa su dedo pulgar clavarse en la palma de la mano en un movimiento violento, su nervio mediano ha sido lesionado.
Es inimaginable lo que Él ha debido sufrir, un dolor indecible, lacerante, que se ha extendido por sus dedos, ha corrido como una flecha de fuego hasta su hombro y ha estallado en su cerebro.
Es el dolor más intolerable a un hombre, que proviene del corte de los grandes núcleos nerviosos.
Le extienden el otro brazo; los mismos gestos se repiten y los mismos dolores. Esta vez Jesús ya sabe lo que le espera, lo acaba de experimentar en la otra mano. Ya está clavado en el patíbulo o travesaño horizontal de la cruz al que se adaptan sus dos hombros y sus dos brazos. Ya tiene forma de cruz.
Ante la orden de levantarlo, el verdugo y su ayudante sostienen los extremos del patíbulo y enderezan al condenado. Le hacen retroceder apoyándolo al poste o estípite y desgarrando sus manos perforadas. Con un último esfuerzo rápido a pulso, ya que el poste no está muy alto, ante el peso, enganchan con segura maniobra el patíbulo en lo alto del poste.
El cuerpo de Jesús colgado de los brazos que se extienden oblicuamente, es agobiante. Los hombros heridos por los latigazos y el peso de la cruz, han raspado dolorosamente el áspero madero. La nuca que sobrepasa al patíbulo, ha golpeado contra él al pasar para terminar apoyándose en lo alto del poste. Las puntas afiladas del gran casquete de espinas, ha desgarrado el cráneo más profundamente aún. Su pobre cabeza cuelga hacia delante, pues el grosor de la corona le impide reposar sobre el madero; y cada vez que la endereza renueva sus punzadas.
Jesús pendiendo no está sostenido más que por los dos clavos hincados en las dos muñecas. La costumbre algunas veces colocaba un asiento o sedile para fijar también los pies. El pie izquierdo de plano sobre la cruz de un sólo golpe de martillo hunde el clavo entre el segundo y el tercer metatarsiano. El ayudante endereza la otra rodilla y el verdugo acercando el pie derecho al madero que el ayudante mantiene plano, con un segundo golpe perfora dicho pie.
Todo se ejecuta con facilidad; luego con fuertes mazazos el clavo penetra en el madero. La posición del cuerpo sobre una cruz pensada hace extremamente difícil la respiración. El suplicio no ha hecho más que comenzar. En su cima dos clavos fijan el títulus trilingüe en hebreo, griego y latín "Jesús Nazareno, Rey de los judíos".
Frederick Farrar describe el efecto torturador pretendido: "Porque de hecho una muerte por crucifixión parece incluir todo lo que el dolor y la muerte puedan tener de horrible y espantoso, vértigo, calambres, sed, inanición, falta de sueño, fiebre, tétano, publicación de la vergüenza, larga duración del tormento, horror de la anticipación, mortificación de las heridas no cuidadas, todo intensificado hasta el punto en el que puede ser soportado, pero llegando hasta un nivel por debajo del punto que daría al sufriente el consuelo de la inconsciencia”.
Un médico llamó a esto " una sinfonía del dolor " producida por cada movimiento, con cada inspiración; incluso una pequeña brisa sobre su piel podría causar un dolor intenso en ese momento. Frecuentemente trae consigo el síncope. Jesús no quiso perder el conocimiento. “Si hubiera quedado cortado del todo el nervio! pero no, creo que sólo fue lesionado parcialmente. La herida del manojo de nervios está tocando el clavo y sobre él, enseguida que sea suspendido el cuerpo, será terriblemente irradiado, como se extiende una cuerda de violín sobre su puente. Vibrará a cada sacudida, a cada movimiento, renovando el horrible dolor. Y eso durante tres horas”.
Después de ser clavado Jesús fue levantado cumpliendo su propia profecía:
Juan 12:32 “ y si yo fuese levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de que forma iba a morir.”
El Dr. Frederick Zugibe, cree que Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por su heridas, además de una sacudida cardiogénica que ocasionó que el corazón de Cristo sucumbiera.

No está muy claro si Jesús fue crucificado en una cruz tipo Tau o en una cruz latina; los descubrimientos arqueológicos favorecen la última, y la antigua tradición religiosa la primera.

Bibliografía
Biblia de Jerusalem

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